Que aciago nudo, al abrir el correo, al que a diario acudo y quedarme mudo, casi difunto, por no hallar ni siquiera un barrunte menudo, o un estornudo… A volandas, a diario subo, frunzo el ceño y cejudo y, por supuesto, con el pecho desnudo, abro este embudo por el cual llega tu corazón tierno, crudo.
Mi Niña, necesito que siempre arda esta zarza ya que lo único que carda la yacija del corazón es el sirimiri de tus yemas. Así es, mi manojo de sentimientos emana amatoria, mis glándulas amarías te ofrenda la linfa de mi vida y esperando, desesperado, el correo, el beso, tu mano surte la cripta que acoge tu divina alma. Sólo basta un día, sólo un día si la esencia que tú, Amapola, me aportas, sin las Aguas con la que tú, bellísima Mar, me bautizas para que tu Eros, los dedos que surten tus celos, se tornen ceniza.
NO PUEDO
DESPERTARME
LEJOS DE TI
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