martes, 12 de marzo de 2013

A la Amapola y el lirio


A LA AMAPOLA




Yo te vi, triste amapola, 
de las flores retirada 
mecer la roja corola 
entre la espiga dorada. 

Leve el cuello y hechicero 
débilmente se agitaba; 
y el céfiro ligero 
en tu seno revolaba. 

Del fuego del sol bañada 
su cabeza purpurina, 
desmayaba sonrojada 
sobre la planta vecina. 

Y allí entre la rubia espiga 
los pajarillos cantores 
daban con su trova amiga 
a tu belleza loores. 

Yo te viera retirada 
a la par del rudo espino, 
guarneciendo descuidada 
el apartado camino. 

Al morir la última estrella 
extiendes las puras alas; 
y a la purpúrea centella 
del sol renaciente igualas. 

Mas ese tu empeño vano, 
y temeraria osadía, 
desde el trono soberano 
castiga el señor del día. 

Que su llama en Occidente 
no adurmiera sosegada, 
sin dejar tu roja frente 
con sus rayos abrasada. 

Y de la noche 
la fresca brisa 
marchita hallara 
tu tierna faz. 

¡Ay! que tu vida, 
flor desdichada, 
sólo un instante 
brilla fugaz. 

Y tu aureola 
pura y luciente 
desconocida 
muere también. 

Nace en la aurora, 
y al alba nueva 
frágil desnuda 
tu débil sien.


AL LIRIO 

Leve y plácida sonrisa 
de la fresca primavera; 
tú que naces con su brisa 
de las flores la primera;

Y te engalanas llevando
el color del firmamento, 
y esquivas el cuello blando 
a las caricias del viento;

Allá oculta, de las peñas
en las salvajes gargantas,
el rico vergel desdeñas, 
donde brillan otras plantas.

¿Será que te falte hechizo 
para competir con ellas? 
¿Que el Dios de los campos hizo
las otras flores más bellas?

Más no; que es tu talle airoso, 
y por ninguna belleza 
trocara el matiz precioso 
tu perfumada cabeza:

Y tu corona azulada 
es, lirio, más trasparente 
que la linfa sosegada 
del arroyuelo naciente.

¿Cómo pie tan delicado
fuera de jardines crece, 
y entre malezas criado 
de las rocas se guarece?

¿Cómo, lirio, tu semilla 
nunca brota en la pradera?
¿Cómo tu gala no brilla 
de las fuentes en la orilla, 
y en la florida ribera?

¿Qué te vale ese prendido 
de celeste brillantez,
si ignorado y escondido, 
en los desiertos perdido 
ha de hallarte la vejez?

¿Qué te vale ser hermoso 
si en ocultarlo te empeñas,
y las horas más risueñas 
has de pasar sigiloso 
entre las ásperas breñas?

Ven, lirio, ven a brotar 
a las márgenes del lago:
abandona ese lugar 
que sólo debe habitar 
el odioso jaramago.

¡¡Que la vaga mariposa 
en morada tan agreste,
tu dulce copa celeste 
no ha de besar cariñosa!!

Ni la abeja en tu capullo 
las ambrosías que mana, 
libará ansiosa y galana
con festejador murmullo.

Que si por bello te acoge, 
por salvaje te desdeña 
queda allá solo en tu peña, 
y que el viento te deshoje. 


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