Ya estoy aquí mirando, a través de la
noche, por encima del mármol del teclado. Termina el día y con ganas cierro los
ojos, cubro mi piel e incluso me tapo los oídos y la nariz; tan sólo deseo sentir
a la dueña que posee mis adentros, la pasión que me entrega y me obnubila el
pensamiento, la tierna calidez que sembrada emerge desde mi interior y me
empapa en sudor.
Desearía que todo fuese más rápido,
incluso más brusco, que cuando sucumbiese en el crepúsculo no sólo sintiese tu
alma sino también notase tu terso roce, o tu juguetona lengua se arremolina
locamente por cada hueco de mi boca, o tu carne desenfrenada abrazándome como indispensable
dermis. Desearía, mi Amor, que la viva luz de tu mirada aniquilara mi sueño, mi
oscuro silencio y que todo, sobre lecho de hojas húmedas, germinase en sensuales
burbujas, retozando a besos, con lisonjeo sensuales y así, juntos, pasáramos la
noche amándonos, Vida mía.

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