domingo, 22 de junio de 2014

Escritorio


     Ahora, que apago el foco de mi despacho y prendo la lámpara que alumbra el pupitre de mi cuerpo, me pongo a transcribir hasta el más ridículo borboteo que estremece mi cuerpo.

     Me reclino sobre mí mismo y, sin malograr ni un mísero santiamén, voy anotando todo el azogue que azota mi corazón. No desperdicio ni el ripio de leves latidos si no me lucro de todo lo que me conmueve. Así, desde la efímera euforia, ora sea una fortuita tiritera ora un inconsciente escalofrío; hasta el ímpetu volcánico, bien sea el calcinante azote de la vasta orfandad bien una desternillante sacudida de carcajadas. Todo me es áurico, todo es tesoro que adoro; aun reste sin uñas de escribir en soledad….

     A diario y únicamente para Ti, desplegaré un anchuroso cobertor de color y lo recargaré con desesperados sentimientos caligrafiados. Tan vasto será que, aun revueles sobre él, jamás divisarás sus orillados ribetes y tan copiosamente novelado que, ese bellísimo Escritorio de blanca e inmaculados senos, el que idolatro alocado y en el que siempre que me reclino es como si lo sedujese por primera vez, se desbordará en albricias y enamoramientos.

     Como un alfiler de acupuntura me infiltraré bajo su tersa piel, nutriéndome de su deliciosa dermis y estimulando una hilaridad que en forma de sudor vítreo dimanará rutilante a través de sus poros. Desmembraré cada hebra de luz que ahonde su iris, la segmentaré en un espectro de colores desconocidos, en una pira de estrellados ensueños que cuajará integra en la bóveda de su razón.

     Anidaré en su caja torácica, adonde asila su convulso y gran corazón. Entrevetaré su carne con unto fino y claro, con un trazo ralo y perfumado que ingresará como hila de nata azucarada entre su musculoso tejido. Palpitará delirante, como el de una adolescente drogada de versos, e incluso llegarás a llorar por no logar compensar el bárbaro amor que le brinda su delirante lirio.

     Sé que soportarás bien este meloso apolillar que horada tu corazón, sé que aguantará bien el inagotable manantial de mi hontanar, sé que incluso rehuirás de mirar mi correo pues cada vez que lo descubras se te abrirá una fuente llorera que pulimentará tu mejilla. Más no serás capaz resistir el deseo y lo avizorarás como albor necesario que cada mañana se alza lejano dando todo de sí,… laureándote con humilde amor.

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