miércoles, 25 de junio de 2014

Diría


     Diría, de forma acertada, -pongamos manos a la masa-. Es la expresión más oportuna para esta tarde que, anudándome un mandil, batallo con la paleta de dorar. Un gourmet tímido y dulce que se deslíe a punto de nieve en su plato. Un meloso sibarita que sabiéndose amado adereza atenta poesía tanto en la cocina, como caminando entre encinas o, simplemente, en la oficina, sentado frente a su virtual vitrina.

     Salteo en la sartén un latido minuciosamente elegido, lo rehogo un poco, en óleo de oliva y sólo para ella. No es por dar posterior dentellada ni por sacudir un próximo mordisco, sino sencillamente es por asestar acertada saeta que escinda su tierno pecho y así recibir en su entraña el buen aderezo de humilde poeta.

     Escucha, Amor, como aliño el exquisito manjar con el que he de seducir las papilas de tu íntimo paladar. Hoy de nuevo se iluminará el firmamento de mi Estrella, no la bóveda plomiza que descarga relámpagos, sino ese cielo edénico y encarnado que oculta un nombre que se deshace entre flechas, dardos que sólo irritan esas desconocidas glándulas de su corazón.

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