Tras poner la mesa y apagar el fuego, ya inmersos en la noche, nos hemos repantigado en el sillón y tranquilamente hemos pellizcado las delicias que serví durante el fin de semana.
Antes de ponerme las bridas de la entrante semana he de sacar la última gota que le resta al asueto. La aprehenderé con ganas e internándome en mí prenderé mi pensamiento y deambularé gozando del olvido. A solas, en orfandad con mi Amor, explorando sus trémulas manos y reclinándome con asaz embeleso para dar una infinidad de picos a su lechosa piel.
Ya desgrano el eco de ese Amor que me responde y, como ave mítica, hiero mis cuerdas tarareando -cuanto te Quiero- en el abismo de los sueños. Desesperado vuelo y revuelo entre sus huesos, hilando estrofas de voces inextinguibles, misteriosos besos que estremecen su cuerpo….
Amamos lo utópico o imposible, por vivir en vidas paralelas mas, aun haya muchedumbre desconocida, mi infinito sólo lo pueblan Él y Ella. Dos Ángeles que prendieron en mi pecho cálidas lenguas de flores y en mis sueños cielos de estrellas.
Sé que a veces, cuando camino, escucho bajo mis pies hojarasca seca, unos estallidos más nostálgicos que los crujidos del otoño, pero enseguida Ella arriba en mi mente, como viento primaveral, se desnuda en perfecta hermosura y roza y socorre mi alma con gráciles palabras, una armonía calcada a laúd de poeta.
Advierto elegía en mi cuerpo, trovadores latidos que repiquetean como trinos entre las ramas del bosque. Vida mía, aun en la sombra, resplandeces más que el cegador Sol, como misterios laurel en el desierto….
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