Un último hálito en la caldera del cielo, la semana concluye con ardiente brisa y desemboca sedienta flameando el preludio de otro crepúsculo más.
Transcribo con hierba quemada, con una hebra fina de grafito, con una hilacha escogida entre la coagulada y seca fronda estival.
Se enturbia la mirada externa mas penetra suficiente candela de alcohol en la intimidad de mi pecho. Nada puede ceder, todo se alborota en mí y asciende ligero, como un chubasco de nubes blancas, desde mi corazón hasta mi razón.
Prosigue intensa en medio de mi cuerpo, un único e inextinguible rescoldo, una brasa diamantina que circunda lo trivial, que obvia lo inconsciente y se aísla en reflejos de cariño. Poderosa chispa que modela carnívoro beso y que, sin abandonar en un solo instante mí íntimo centro, talla versos y más versos sólo para su Amor….

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