domingo, 8 de junio de 2014

Es arrebatador


     Es arrebatador, tentador e incluso diría que, en las inacabables noches, surge a borbotones desde los hondones del pecho. Su bellísima y envidiable imagen se revela impecable en todos mis pensamientos, el fino albeo de su chata y pequeña nariz, la sombra de sus profundos y acaramelados ojos, el apetitoso aderezo de sus encarnados labios….

     Así es siempre, en todos mis sueños recalan sus agradables colores, los pigmentos que embebió mi corazón, el arcoíris que sinceró al quererme de esa forma, al darme su amor; sempiterno espejismo de lechosa piel, de leves senos, de ligeros arqueos de la espalda….

     El resonante borbollón que se rebela en mi entraña deriva incontenible por mis manos. Una hemorragia de estrepitosas y bullangueras notas, un corazón de barro que se desangra en letras, que se disuelve en versos de íntima tinta. En el ruidoso salón, en la cálida y vacía cama, en la cocina macerando manjares en orzas o cuando tenaz me encamino al quehacer, rebusco esa caricia que no se pierde, ese beso que cifró cada uno de mis latidos, esos temblorosos roces de dos cuerpos que desnudos se abandonaron al amor… 

     En cada hueco del día o hacia cualquier parte que miro, yendo a destino o bien caminando al azar, presiento que Ella aguarda sola, que espera a encontrar un rato, a hallar un raro momento para hilar una simple soga de saliva que perpetúe buena, fragante y frondosa enredadera. Cáñamos que enraícen en nuestras entrañas y que florezcan y fecunden en ambos corazones, un lino de savia que encauce jarro de imagen limpia, de amor perfecto.

     Estoy sentenciado a aquietar mi entraña, la frotaré, Amor mío, como latón para advertir en ella el vaho de tu aliento, las huellas de tus manos, el brillo oscuro que se abre tras tus ojos… Sí, para contemplar nítida la faz de mi Niña y gozar de ese tembloroso fantasma que me vuelve loco.

     Disueltos por mi cuerpo están los dulces terroncitos de mi hermosa Mujer. Hallaré un sinfín de letras, las sacaré del agua o las aspiraré del aire, para describir lo inenarrable, la belleza absoluta que atesoras en cada poro de la piel.

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