El Sol sonrojado se reclina sobre el vientre de su amada y muy discreto, entre hialinas cortinas, la besa con rubor. Centellea la plata que decora el techo y riela sobre la frazada que los arropa; tibios jadeos emanan sus cuerpos. Antes de pernoctar una acaricia más y su encarnado labio se funde con su cristalino cuerpo.
Es hora de retirarme a singular vacío, me asilo, Amor mío, contigo. Unto tu generosa pluma en la purpurea tinta que vibra en mi pecho y repleta de humildad la echo a volar. El cielo, entonces, se impregna con nuestros versos que planean hasta posarse en el vano de su ventana.
Vida mía, hasta la madrugada resbalara mi poesía, hecha saliva para tu mejilla, para tus senos…, gotas de lluvia que irrigarán la sedosa piel de tu cuerpo. Ociosa pluma que traza amor,… y amor, el dulce amor que le dicta tu corazón….
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