viernes, 6 de junio de 2014

Un día muy hermoso


      Un día muy hermoso y ya, llegando al ocaso, miro atrás y me enorgullezco. Ha merecido la pena tan aplanante faena, los cansinos ires y devenires por caminos de hieles para extraer unas simples tarras de mieles. Mas no me quejo de esta labor, ni la veo injusta e inmerecida, pues yo, Amor mío, soy el ingeniero de mi propio destino.

     Cuántas horas he pasado junto al teléfono, cuántas he transcurrido tras el volante o acaso se puede saber cuan larga es la senda que hay en mi aula o en los pasillos del conservatorio. Sí, inescribible es la conversación que he embocado a través del auricular, incontable son los hitos kilométricos que he dejado atrás e insoportable es carga en mis tobillos, lastre que ha causado y causa la torturante dilatación de mis vasos sanguíneos.

     Mas mi lozanía, aun haya tempestad invernal o quemazón estival, proseguirá así, estimando las insignificantes yemas de las plantas, respetando los nimios nichos de los seres vivos o reverenciando las superfluas barahúndas de los grillos, de los trinos, del céfiro entre las ramas….; Sí, así, recolectando nuestro dulce jarabe, como laboriosa abeja…. Invariable y feliz, sentome aquí frente a vano cristalino, titubeando sentimientos en largas noches, rindiéndote lo prometido,… mis sinceras buenas noches….

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