Ya es hora de marchar, de dejar los inacabables asuntos que me traigo entre manos y escapar a jugar como muchacho.
Quiero coquetear con la flor que quema mi cuerpo, sentir las caricias de sus aguas marinas, ese tibio hálito que sorbe mi pecho, y que me consume en su virtud, con la canícula que surge de su Pétreo corazón.
Así, algo travieso, adoro nadar entre sus abiertas orillas, venero zambullirme en su cegador resplandor. Cubrir la cristalina binza de sus ojos y de su cutis, revestirlas con mis inconscientes manos, desmayar mi cuerpo y fundir mis instintivos y húmedos labios en la inmensa hermosura de mi Adamar.
Brincar y retozar, libar el carnoso bisel que me mantiene en vida. Ser pícaro diablillo que toma el mosto dulce que segrega el corinto pistilo de mi Amapola.
Si acaso me reprendes seré el querubín más dócil que, castigado de por vida, aguardará en la puerta del colegio. Serafín sin alas y sin aula, que echará a volar sinfín de desgarradoras cartas. Perfumada y secreta lírica que cada noche se infiltrará entre tus sábanas para que en las inciertas horas de la noche te estremezcas de tangible amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario