miércoles, 16 de julio de 2014

Desgrano la sílaba sensible de una palabra que gusta


     Desgrano la sílaba sensible de una palabra que gusta. Dulce y suave, como cremosa nata, la amoldo con otras doradas granas de tierna mazorca. Exuberantes bucles de seda, o briznas hialinas de fuente, que cuelgan como racimos de escarchadas uvas y se deslíen en vitales albercas de prosas y estrofas.

     Un leve e inevitable parpadeo, un aspaviento inapreciable o el inconsciente suspiro,… o el extravagante latido; son delirios de un corazón, gotas de deseos que mana mi abierta herida y que poco a poco se hilvanan en francas palabras. No urdo un simple pasaje, sino deposito mi rendida alma en las entrañas de mi Mujer.

     Adulantes hojuelas que se deslizan sin descanso por el cálido soplo de la noche, enmelados folíolos que sobrevienen de mis adentro y se dispersan como bruma hasta ilustrar los anaqueles de sus enmelados labios. Brumoso hontanar de caricias que se desoja como flor abierta en la patena de su seductora boca.

     Ahí en tus labios me llevarás, ahí depositaré el sabor que elaboro, ahí, en ese huequecito mío, aposentaré Amor mío todo el querer que me diste y que siempre, y eterno, llevo consigo.

     Nada pierdo, nada caerá en olvido, mientras la melodía del día se alce ante mi ojos descompondré el sueño que atesoro y loco lo desmenuzaré y lo recompondré para que vivas, Amada mía, en iluminada fantasía….

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