jueves, 10 de julio de 2014

Alegre


     Alegre, en vísperas del fin de semana, deseo escapar del cotidiano presidio humano, no de la cárcel corporal sino de la rutinaria reclusión laboral, y marchar hacia la agobiante ardía estival.

     Me urge hervir la sangre que coagulada se agolpa en mi pecho, desterrarme hacia las abrasivas brazas del Sol y recalar en medio de la dehesa, entre las frágiles y doradas llama de la espiga, bajo el hialino y escaso frescor de la rechinante encina. Mas no deportaré mi razón, más bien la confinaré al ala de su corazón,… es la esfera en donde respiro.

     Sé que nací en la tierra, de la mismísima entraña de una Madre, entre más semejantes y ciertos dispares. Mas con del devenir de los años afloré de verdad, en la más fragante de las esencias que encierra realidad; germiné en Musa de sencilla poesía. Me dio a luz con un largo beso, con la suave y cálida garatusa de sus labios, de sus dedos…, me entreabrió la razón a la desatendida e inabarcable creación del ensueño.

     Volé presto hacia el Sol de sus lindos ojos que, como acerados relámpagos con extremo de anzuelo, calaron hasta punzar mi corazón y lo cautivaron tenazmente. Anduve por la sedosa gleba de su piel, tal si flotase apaciblemente en aguas de Mar…

     Fue mi Niña quien me condujo hasta el ignorado orbe donde la razón se desvincula de la mente, donde el corazón se emancipa del único pecho conocido y accede a latir e incluso a entregar hasta la última gota de sangre por subsistir en el respirable e imprescindible éter de su Amor.

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