De manera casual e inocente,
nos fuimos enlazando lentamente.
Miré tus ojos y me respondiste
como si el medio no existiese,
como si en el tiempo hubiese
demora. Así, diáfanos en el patio,
ocultos en las alas de ese espacio,
entre el solaz de tus serafines,
el amor aunó ambos corazones.
Fue un desatino del destino,
un sueño en vida cumplido,
una álgida lasca de otoño,
entre arándanos del camino
que siguen pintos a hogaño.
Huertos en nuestros pechos:
delirios ahí, siempre en ti
y acá una sola Amapola, Sí.
A veces tonta mirada apenada
se ahonda tras mis ventanas,
se traspapela por mi alma,
en los hechizos de antaño,
en los hipnóticos barruecos,
donde monedita de deseo
se consumó en dulce beso.
Otras, en lozana ribera del Salor
o por las sendas de la Sierrilla,
…sé que así se rompe mi cristalino,
que se desborda mi entraña,
son líneas continuas y finas
que orillan por mi mejilla;
afluentes hialinos de dolor
que se malogran en vida
por padecer mal de amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario