domingo, 28 de septiembre de 2014

Lumbre


     Distingo esa lumbre que con clara asiduidad auspicio dentro mí, es luz inagotable que se alza alba entre las celliscas de la soledad, es turbadora estrella que esplende cada rincón del aciago tártaro de la vida.

     Que humilde manumisión me deja mi labor, arribo derrotado y siempre sumido en la mismísima noche e incluso así, desmembrado, resucito como avecilla mítica, similar a sencillo gorrioncillo que aletea risueño y trina jocoso. Sí, así, sin asomo de desaliento, gravito ansioso y presto alrededor de tan obediente corazón. Trémulo, como la florecilla de azucena que ansío ser, en el áurico pastizal de su inmensa alma.

     Se abre el rocío en los umbrales del día y envidiable ilusión usurpa mi pecho y añusga mi voz; si me pudiese quedar toda la jornada contigo. Me guarezco su voz de criatura, esta canción natural y mía, ese eco que en mí perdura y, sin más reparo, parto de nuevo. Cierro los ojos y me regocijo en su melódica romanza, y reposo bajo la aurora verde oliva que esclarece mi vehemencia.

     Es desértico el mundo que se extiende ante mis ojos, mas, derrotando los áridos caminos, se abre un cauce vidrioso, un regato trazado con las manos, de plisadas minúsculas y determinadas mayúsculas, de pocas pero profundas palabras, un remanso de tinta de poeta; desbordada. Cae en forma copo de nieve, una lágrima helada que incluso llega a prender, es amor que aúno a sólo uno, es piélago inabarcable que derrota toda broa, es lo más profundo, el abismo de su corazón, el querer a un Hijo….

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