Ya no quiero saber de otro lirismo que no sea este. Ya, aquí, poseo más de lo que jamás imaginé y es, Vida mía, tan fantástico y lindo que no deseo mayor tesoro.
Acaso es tu voz…, quizás tu melódica sonrisa…, tal vez el brillo de tu mejilla…, o el brío de tus pasos…, probablemente sea el enajenante aroma de tu cabello…; Amor mío, es todo tu Ser, es la Belleza, Tú cautivas mi corazón. Así mi alma, sumergida en edénico Abismo, coquetea con humilde imaginación verbal, brinca dichosa y con decoro y literalmente, sólo para tus mares de miel, se desnuda en versos.
Soy una brizna que se inquieta con un simple gesto de luz y ahora, para un mosaico Primaveral, brilla emocionada, soy una hierba que tremola en armonía en un Vergel de olas. Sólo necesito que tus ventanas, de par en par, me den luz mortal, que, mientras me azoro con el cálido aliento de tus ósculos, me irrigues con abundante saliva, que rocíes sobre el anverso de este heno las perlas que irisan tus profundos y sinceros luceros. Para mantenerme húmedo y exhalar aroma sereno, para fundir mi linfa en calima que sin desdén se arroje en tus sueños.
Gracias, Vida mía, por darme tanto amor, que hasta el sol tiene celos al quedarse helado ante tan cálido abrazo.
Mi Vida, soy consciente,
que estos haces dorados
no surgen de la frente.
Son de Estrella ardiente
que dicta a vehemente
siervo, muy enamorado.
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