No hay tregua en el afán de buscar sosiego, ni siquiera haré una breve pausa para tomar de aliento. Sé que así se comprimen las horas del día y se acorta, bastante más de lo que deseo, el tiempo. Pero esta inclinación de embelesarme con los suaves visos de las flores y de enajenarme con sus golosos aromas, de abstraerme con el reflejo de los nenúfares en el abismo de las charcas, de maravillarme con el vuelo de los pájaros entre las nubes y de pasmarme con su melódico trinar, de deslumbrarme con las diminutas e incontables chinchetas que cuelgan del firmamento; me lleva ebrio, ufano de tanta perfección…, de tanto primor natural.
Pero qué más da si ando así de desaforado, acaso es mejor descansar y dejar rincones del alma sin llenar, es que es preferible soslayar ciertos filones. Supongo que no, que el equipaje debe de ir repleto, aunque desaproveche mi capacidad con jirones recogidos al azar y a pesar de que, después de tanto bregar, lo tenga que abandonar en los hangares de embarque. Así, mi Amor, antes de partir poder decir que vadee intensamente este sueño que, aunque navegaba extraviado, surcaba con vehemencia la nívea Plata que asila mi alma…; náufrago velero acomodado en el cuerpo de una Botella.
Mi Amor, no puedo tener descanso, debo disgregar los destellos a raudales e inundar, con las compuertas del corazón abiertas de par en par, tus castañas ventanas, para que así crepiten de alegría como brasas de fuego. De esta forma, toda esta asombrosa riqueza debe caer intensa sobre ti, como si se deslizara sobre la blanca nieve y se arremolinara fija en el vórtice de tu pecho, aunándose con tu celosa decoración, emperejilándolo aún más el aterciopelado pétalo corinto que reviste edénico corazón.
Sorber todos los capítulos que discurran frente a estos ojos de estatua y, con ellos, rotular innumerables hojas con un sinfín de renglones. De las yemas de mis dedos o de las cetrinas hojas que flotan ingrávidas en el aire, cosechar las primeras uvas para el vino, coger sólo las más dulces, recolectar el maíz aún en leche y el trigo, bien maduro, requemado con el Sol para hacer nuestro pan…

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