Voy a dar pulpa roja a tus palabras caníbales. Tu encantadora forma de ser me tiene el corazón tan masticado que, allá por donde camine, la sangre copiosa y febril gotea como rubí derretido sobre el plomizo pavimento.
Amapola intensa, Amapola que estira, como globo, las paredes de mi pecho, mi tierno y sedoso capullo que asila hermosa Flor. Sí, tierno o sensible y sedoso o pulido por tu mágica y sanguinaria forma de desollar mi carne.
Hoy, bajo este cielo raso que cubre a mi Sibila y a su recua de rorros, encaminados a “Niña árbol”, voy a fundir el acero del trabajo hasta que sea cera líquida y templada. He de conseguir que el arroyuelo rubí que cruza una de mis manos siga más que intenso definiendo la línea de mi vida. Ese minúsculo e inagotable río rojo que nace del hontanar de nuestro Niño debe continuar frondoso, rodeado de juncias verdes y nevado de nenúfares; ahí donde su sangre remanse debe quedar serena y dormida y soñar tranquila.
Para ello, y sabiendo que a partir del día 25 estará solo todas las mañanas, voy a confeccionar una mirilla en su mejilla y un postigo en su ombligo para tenerle siempre muy asistido. Haré un minucioso horario donde observe las horas de emociones que hinchan su corazón, definiré bien los límites para que no haya lugar a instantes verdugos que puedan sollozar su ánimo.
Seré con el móvil muy orejero, le asistiré con esmero, nunca reprendiendo sino insuflándole sueños para que no conciba ridículo hastío en tantos días fríos. Ilusiones que conformen latidos y reviertan intensa la sangre por la mejilla y por los ojos. Para transcurra la semana, aun esté más que completa, como terciopelo y por nada sienta esclava la piel de su débil lomo; que no decaiga como lluvia en un sumidero….
Mi Niña, con el aguamar de tus ojos y mi arena de playa, caliente por tu Sol, obraré adobe cálido para aislarlo con nuestros besos, erigirlo con nuestras ilusiones, esculpirlo completo, duro y muy ligero…, educarlo sin más manchas que la que ocasiona el lapicero seco o la tinta del bolígrafo. Para que su afable sonrisa y sus bondadosos ojos sean haces que llenan de orgullo de nuestra vida, Amor mío.

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