jueves, 18 de abril de 2013

Un cuerpo tan entregado


     Un cuerpo tan entregado, tan hermoso y tan difícil de hallar. Un cuerpo de cintura tan sucinta, fino como cinta de seda virgen y pulido como mármol blanco. Amor mío, hoy quizás lo sobrelleves rendido, con apenas fuerza para un último goce, aunque sé que incluso así, vencida, abrirás humilde pasión y con amor, como siempre, acariciarás alguna hoja y leerás algunas palabras de tus niños y, por supuesto, con tu sonrisa natural, sin necesidad de forzarla. 

     Yo deseo, con en este correo, relajar tu ceño, desfruncir tus labios y tu frente con caricias escritas, ser condescendiente con tu lasitud y, con cada frase, llenarte de tibios besos. Para que regreses al lecho, a lo nacido e incluso, con el dedo pulgar en la boca y en la posición fetal, languidezcas entre los íntimos secretos de los sueños. 

     Amor, amor, amor… tu dulzura me robo tanto la noche como el día. Agrediste mi corazón con flecha de oro y punta de diamante, clavada la tengo y por ello dichoso te entrego, Amor mío, toda mi Vida.

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