martes, 9 de abril de 2013

Curtir el amor


     ¡Curtir el amor!, curtirlo para que quede fino, terso e irrompible, a fuerza de untar en la tinta del frágil paisaje, de rematar en prosa y refinar en versos. Afanándome en henchir de esplendor el corazón para después, a través de la razón, ordeñar hasta la última gota. Amor que ha de quedar perfecto, inquebrantable y sedoso, y así irradie y derroche sublimidad mi Mujer. 

     He de usar el inflamable extracto que ahíta mis venas, ese que estalla como estrella desde el abismo de tus ojos y que brota y se derrama cálido por los poros de tu piel y así, con esa íntima lluvia de fruición, reflejar y envolver tu cuerpo con un arcoíris entrañable e inseparable. 

     Ardor que de noche me deshiela y de día me desdobla en campo abierto o en un sinfín de reminiscentes alusiones. La brutal querencia que horada mi pensamiento, que la redime hasta deshacerla en cenizas o la libera en la forma más liviana elevándose como vaho entre los campos de mi tierra. 

     Qué sustancia adictiva diluyes en mi sangre que me embruja alegre y me transmuta ruborizado como rubí en jardín. El jugo que le urge a mi alma lo busco en la intimidad, surge cuando beso la cálida fuente de tus labios, cuando me trasvasas la dulce saliva. Fluye el candor de la Amapola, su fragancia quemante e impávida que cauteriza mi corazón, que arrodilla cuerpo y ahogarse mi pecho. 
     Nada, Vida mía, nada podrá distanciarme de tus brazos. Aquí, inmerso en este temporal de deseos y de sollozos desesperados de ojos, palpo con nitidez tu espalda, el entrañable tañer de tus latidos, el fino perfil de tus labios, delineándolo sobre la pantalla con las yemas de mis dedos. Maldigo el glaciar que endurece y resquebraja mi corazón al no saber de ti.

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