Como voy a descansar si durante la noche me despierto sobresaltado por absurdas pesadillas relacionadas con los quehaceres y los problemas cotidianos.
El espíritu y el cuerpo no deberían estar tan estrechamente ligados, uno no deja tranquilo a otro e incluso impide que de noche este último descanse.
Menos mal que en el centro de mi espíritu está reservado mi amada, que si me aparto y me sumerjo entre las sombras enseguida, y con insistencia, aldabea mi pecho hasta que atisbo, entre los velos rasgados del sueño, su magnificencia y de nuevo regreso manso a su cálido sosiego.
Así es, entre la barahúnda de pesadillas, entre esos dementes y caóticos entresijos que surgen por el estrés, se encumbra su dulce voz, tañe con extrema claridad, me reclama y me atrae, la advierto abrazándose a mí sin cesar y sin cesar acá, en mi pecho, asistiéndolo y aferrada firmemente a él, sella mi corazón con amor, abarcándolo todo de tal forma que esta parte del cuerpo descansa abstraído y seguro en su dulce sueño.

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