Observo que el imperceptible tiempo tiene a su alrededor una severa falta, y es que cuanto más urge más falta hace. Sabes que yo te pretendo con tanta avidez que todo el tiempo lo pasaría contigo, bien sea aquí o mejor ahí, a tu lado. Pero el espacio inmediato me acosa y me agobia, atrevido abre y se acopia en exceso sobre la palma de mi mano y en nada tiempo me pertrecha entre innumerables afanares. Son tantos y de tan variados los procederes que ahítan mi razón, se la embeben y la sedimentan sobre la labor. Unos son diminutos y se resuelven sin la mayor dificultad, en cambio otros son inabarcables y se tornan eternos y pesados. Esta falta de tiempo impide que mi raciocinio transcriba, de forma elocuente, todo lo que Tú dictas a mi corazón.
Pasarán los años y no mudaré mi parecer. Sabes que esta fe de amor no es pasajera que, desde el mismo instante que recaló en mi cuerpo, germinó y la cofia del embrión de mi Amapola ahondó de forma abisal…, enraizaste en mí sin perder el más mínimo instante de tiempo. Aún sigue así y sé que continuará creciendo hasta más allá de los límites de mi conciencia. Paralela a esa primera raíz, surgen cientos de raíces secundarias, se propagarán en todas las direcciones y densas, cubierta con miles de pelos pilíferos, absorben cada segundo de atención.
Así, dentro de mis miogénicos músculos, en cada capilar del miocardio y en cada célula, Amada mía, hay un embrión tuyo que late tanto dormido como despierto, que fulge nítido, que emboco dulce e intenso y que tanteo sedoso y cálido. Copas todo mi tiempo y mi inútil memoria no da abasto para canalizar tantos y tan hermosos sentimientos…
¡Oh!, Amada mía, si en este lar pudiese atender tus caprichos, si este anhelo, que ahora transcribo, se hiciese realidad y nuestros quehaceres se aunaran y los deseos y sueños se unificaran. Sé, que ya no bregaría a horas intempestivas, pues mi cometido, compartido contigo, cristalizaría hermoso. Convivir para servir, cohabitar para contentar y agradecer… Así sí, Vida mía, a manos abiertas acopiaría todas tus historias y te haría partícipe de las mías. Emergería mi razón frondosa y perenne, girarían millares de hojas, cada rama repleta de incontables temas, esparcidas por el aire. Ahora nuestro viento, aun distante y silencioso, porta a gritos un drama hermoso, escenificado por una bellísima Amapola para un lirio cautivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario