Con sus ojos, un sinfín de seducción, un rayo de diligente corriente que erige mi escombrado deseo. ¡Ooooh!, este amanecer las ruinas de mi cuerpo, después de estos días de asueto, de nuevos se alzan al vuelo.
Mi singular destello que surge y cruza resuelta la avenida, que detona mi sien y mi pecho, que trastoca mis manos y debilita mis pies, que estremece mi piel y estimula mis poros, que instiga mis latidos y sofoca mi sed.
Mujer, me haces más que feliz, tramas perfectamente mi alma, la tejes y destejes a tu antojo, la mariposeas con cariño, la bramas como caracola e incluso la jadeas perfecta en la cama, como gacela canela. Así, amándome a besos, amándome en versos, en innumerable correos y desamándome, volviéndome loco los fines de semana y los días de fiesta.
Mi bellísima Mujer, mi irisente Cielo, necesito acariciar tu terso viento, no sólo dejar que vuelen en ti mis hojas, si no deseo más, ir al margen de tu boca inhalar las nubes de tu vida, lamer la pompa abisal de tus ojos castaños, libar la arena blanca de tu hidratada piel, quebrar tu cintura y arañar la playa de tu espalda. Amar, amar, amar hasta que sin poder más nos rompamos en ciego crujido de pasión, abatidos como pájaros entre sábanas, idos como pétalos en el aire transparente… invisible pero inverosímil cariño, una sensación mágica: sentir que me amas con sutil gracia…
¡Oh! mi única Flor, deshago mis enteras en dulce polen que corre e inunda mis venas y que gotea por mis yemas, lentamente como relente diario, alegre y inagotable por mi Niña.

No hay comentarios:
Publicar un comentario