He echado la jornada y si fuese practicante diría que tan sólo me queda rezar. Quizás haya que volver a la devota promesa de ir caminando hasta Guadalupe, pero claro, en los tiempos que corren de nada serviría que fuese yo sólo, tendríamos que manifestarnos con humildad y en masa a la Virgen.
Hoy iré a otros lugares, a frustrarme escuchando sus lamentos y quizás, bajo este yugo diario, surja un atisbo de luz, alguien que precise mis servicios para solucionar sus ocupaciones. Si consigo montar un curso me mataré a diario en la faena y, con severa disciplina, intentaré que sus polvorientas y arruinadas mentes se llenen de aburridas y obligatorias leyes, para que su trabajo lo puedan hacer en la absoluta legalidad.
Mas ahora, Amor mío, sin curso y sin perspectiva de sacar a delante uno, mi alma se oprime en silencio. Sin embargo, cuando entro en casa, debo dar toda la luz posible, debo quitar todas las sombras que me abruman. Para él, mi Rey, cuando me vea no se apene.
En fin, yo buscando por el vulgo y él, mi monarca de los Barruecos, nos sentimos ociosos, enormemente felices, porque nos adueña un gran corazón de Brozas. Porque todo ruido alarmante y todo insoportable pesar, adquiere en ti, cuando te veo así de ociosa, cuando estoy contigo o cuando te escribo una armonía floral y soleada, de enjambre, que arrulla dulce en mi pecho como una brisa entre los árboles.
No hay nube, pues tú, mi Amor, como candela de vela me ayudas a pasar los ratos… Eres la blanca mano que tira de mí a diario…. Te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario