Caracola colmada de una única Mar, henchida de algo que hay en ti, y no sólo es tu óptima belleza, sino es esencia similar a lo dulce del silencio. Lleno estoy de la fineza de mi amada; de la fineza más fina. Es, en sí, la pureza de tu amor de la que resulto, Mar de mi vida, totalmente enamorado. Así me tienes, tanto que logro ver tu perfil en cualquier lugar y que advierto, sin dirigir mirada alguna, como mi pecho se sacia con cada soplo…, son tus hálitos los que roban para mí los brillos que cuajan las noches…, es tu esplendor, Amada mía, la que ahíta de luz intensa mis días.
Estar locamente enamorado de ti, afectado por la profunda herida que infliges en mi corazón; qué más da, es el deliro ser mortal sabiéndome amado. Sí, de saber que no habrá más vida para sentir tan enardecida pasión…. Si fuese inmortal sé, con total convencimiento, que pasarían eones añorando el diáfano palacio que erigiste alrededor de mi cuerpo, que vagaría buscando una flor similar y abatido de no hallarla, de ser un corazón señero, imploraría ser mortal para fenecer transmutando mi alma en el sueño eterno estar siempre contigo, con mi Amapola.

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