viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy


    Hoy, Vida mía, voy a ir a esos rincones tan nuestros. A esa roca cubierta con manto de musgo donde aconteció, de tus labios, nuestro segundo gran deliro, en el que durante horas se me olvidó todo el pantanoso día a día. A ese sitio mágico en el que me inmovilizaste para siempre en la estampa que de vez en cuando me envías.

     También iré a ese singular jardín del Vostell que jamás olvidaré, donde dilataste mi deseo con tanta pasión que hasta mi corazón segregó linfa blanca. A se parterre confinado tras arcos de ladrillos de medio punto y cubierto de una espesura verde primaveral que alcanzaba nuestra cintura. Lugar en el cual, entregándonos sin pudor al amor, se abrió nuestro manantial sudorífico, tal era el ardor que tu nuca emanaba Mar Salina que yo libaba como néctar necesario para mi vida. Doncella mía, al caer la noche, de esas murallas de lavadero lanas de ensueño, te tuve que rescatar.

     Por supuesto, merendaré entre los aromas clorofílicos del Salor, en esa ribera pastoril de terneras y ovejas, a la vera del río; lugar donde, como espejismos, veo el portal de nuestro hogar. Invertiría allí mi vida, Amor mío, desvelándote todas las madrugadas con el aroma de nuestro pan recién hecho, con el aceite de nuestras olivas, con el zumo de los limoneros y los naranjos y, como si la vida me fuese en ellos, amanecer para mi Sol con el calor de un beso desprendido directamente de mi corazón. Tan claro te siento que me veo andando a tu paso, tras dejar las tareas de tus niños, caminando por la dehesa hasta llegar al dolmen, jugando inocentemente con el usufructo que me donas de tu Gran Corazón.

     A ese lecho esquiando en medio de mi corazón y sacado como miga del meollo de tu Pecho, del centro de tu Corazón, iré hoy, mi Niña. Sí, allá a la orilla del río, a nuestro patio perdido en el fondo de nuestro cuerpo y la tumba antropomorfa donde eterno yace nuestro segundo beso. Saldré a impregnarme de los olores de hierba húmeda, a diluirme entre los croares de las ranas y a desleírme entre los aromas del calor de tu amor…. Un hombre cargado con ramos de hermosos besos esperará paciente a que llegue la brisa de la Mar de mi Amapola, para descargar todo su puro y fresco aroma. Un cuerpo de barro que esperará eterno a que su señero Amor le esculpa la vida….

No hay comentarios:

Publicar un comentario