martes, 12 de noviembre de 2013

Que trajín me traigo estos días



     Que trajín me traigo estos días.

     Entre los conciertos del viernes y el sábado, el trabajo y el infausto e inevitable acontecimiento del lunes (mi tía Gabriela) no pergeño unos míseros minutos para decirte cuanto te añoro. Mas esto no quiere decir que no esté contigo, pues bien sabes que siempre te llevo consigo y es más, sin no sintiese este inabarcable regocijo que se expande dentro de mí, no sería capaz de sostenerme en pie.

     Paciente como un gorrioncillo en el tejado o sobre un poste de luz, con la vista perdida en el horizonte que hay tras la pantalla del ordenador y esperando a que, durante la tarde o en la noche, lleguen esas palabras que me aman…, esos reglones que me asistes. Ante esta ventana de zócalo blanco, que me separa del bello rescate de tus brazos, arresto todo tu sereno y vasto amor que algún día desbordaré como impetuoso torrente de deseos sobre tu piel, en tus labios, en tus manos….

     Estoy tan lleno de la infantil música de tu aula que reboso travesuras que no sólo se alzan hasta el zénit del mediodía, sino se encumbran más allá. Son por los deberes que tú, Maestra de mi corazón, me mandas a hacer y que, como un dulce sortilegio de pasión y hasta bien entrada la noche, incluso en sueños, siendo tu ángel diablillo, desmorono con mis dedos por tu dulce carne contenida, por tu suave canela, desabrochando la blusa del pijama y elevando la falda. Para demostrarte lo enamorado que estoy, para revelarte mi insaciable en sed de yacer sobre tu cuerpo, de adormecer mirando tus ojos y aislarme con hambre en tu boca…, colibrí en el sutil pico de tus senos, en el hermoso prado tu alba ingle, entre las diez florecillas de tus pies…, TE AMO, AMOR MÍO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario