miércoles, 27 de noviembre de 2013

Como irrumpen tus palabras


     Como irrumpen tus palabras, aun sean pocas son tan intensas que se agolpan inmedibles ante mis ojos. Primero esa expresión sincera, “descansa”, que posee un don inmenso, un lindo y preliminar vocablo que sacia toda mi sed rehabilitando la lasitud hacinada al cabo de la jornada.

     La siguiente entrada, “mi amor”, me entra tan dentro y tan repentina que atropella mi corazón. No son sólo cuatro letras bien ordenadas, sino son grafías dispuestas con tan suma meticulosidad que el término se transmuta mágicamente, hendiendo la cornea de mis ojos con habilidad quirúrgica y cayendo, por mi nervio óptico, como saeta directa al corazón.

     El término “feliz” es una vedija mullida, un cúmulo de éter o una nube. Es una fantasía tangible bajo mis pies, la alfombra que prosigo como único camino: es mi destino. Mi adorable Vida, descorriste el opaco telón que me envolvía y me dejaste ver la ilusión que me rodeaba; y así, bajo la bóveda añil, deliro y sueño, incluso despierto, que la vida es una fantasía primaveral.

      Finalizas con clamor, “la Persona más maravillosa del mundo”, ante el cual yo me quedo en silencio y apareces, tal como eres, tú. Yo, Vida mía, irradio los sentimientos que me poseen, doy tan sólo lo que de ti logro ver. Es tan inmenso tu pecho que me faltan ojos y vida para lograrlo abarcar completamente. Es más, seguro que moriré, así “feliz”, tal como dices, y sólo habré recorrido un insignificante cielo de tu precioso cuerpo, habré sobrevivido en un hueco del jardín de tu pecho.

     Tu belleza, tu inmensa ternura, es la que me suscita esta forma maravillosa de ser. Tú eres, Amor mío, la razón de mi vitalidad, el clamor de tanto amor.

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