Los veo como se arrojan a sus quehaceres, como consumen su sudor materializando las plegarias y como disfrutan o se relajan con el corto asueto que les permite el fin de semana. Corren, igual que yo, tan inmersos en los ruidos mundanos que a lo largo del día agotan sus cuerpos. Pero ahí, entre ellos, entre sus ojos perdidos y por todos los rincones, siento como destacan un par de luceros colmados de corazón de Mar, que me observan con tanta virulencia que llego a palpar los indicios de su gran profundidad. Sé que tu fidelidad es grande y por ello espero inmerso en gritos silenciosos. Mi Amor, no se consume tu amor, está tan arraigado en mí pecho que se alza bizarro y bello, como árbol engalanado de manto primaveral.
Dicen que la belleza pasa pronto, mas yo me estimo audaz, con fuerzas suficientes y sobrado optimismo, capaz de mantener emperejilado tu latiente corazón de Mujer. Aspergeré gotas al viento, proveeré el aire con mi voz, aun estés lejos, mi Amor. Timidez y docilidad al hablar y al amar, que se alzará ingrávida, como ese polen que culmina hasta la cimas de las montañas. Diáfana e inmensurable forma de ser que fulge, o al menos lo intenta, como hialina lámpara de cuarzo.
Esta noche te nombraré despacio, hasta quedarme dormido, y mañana me encomiendo en tus brazos, son nuestros intensos deseos, irradiando sobre los tejados nos eclipsaremos juntos, mi Amor.

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