Hoy me he permitido un capricho, una simple fruición, que podría afirmar que es de niños. Pequeño, de color cremoso y alegre, coge en una cajita y no puede ser víctima de movimientos espontáneos, pues no se debe malograr antes de lograr su destino.
¿Lo conseguiré?, me refiero a compartir los deseos. A, quien sabe, a alcanzar la pureza de los astros o, quizás, a sacarte a bailar en una fiesta de gala o sino danzar abrazados en el salón de casa. Entre las cuerdas de tu voz, en medio de esos ecos que se han desgranado en el fondo de mis pensamientos y que me han llevado a volar entre trémulos sueños.
Cuándo te lo podré dar, cuándo amainará este temporal que graniza mis lágrimas y restalla en mi pecho como oscuro trueno. No sé, acaso el tiempo, esa ley tan natural que lo cura todo, hará que recojas mi capricho. Espero que la denuncia no se zanje al caer la última hoja. Supongo, mi Amor, que esta voz que nunca se extinguirá, dará lugar a una estrofa suave que resuene como acorde en tu pecho, unas palabras perennes que resuene como campanas en tu mente.
Me siento hombre de hojalata que en la sensibilidad rebusca un único Corazón. Que pregunta por un mago de Oz que le despoje de la vulgaridad ante su gran Amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario