Cardenillo se me va a formar en las yemas los dedos, de la electrolisis que me induce el agua salada de tu cuerpo. Chisporrotea el acetato verde azulado al tañer las teclas con tanto fervor.
Ahora aprovecho esta escasa hora que me permiten para descansar, para salir corriendo, para atravesar el frío y otoñal espacio que nos separa. Ignorando el cansancio y saltando de árbol en árbol, de monte en montes y de arroyos a arroyo, todo, Amor mío, por plantarme diáfano a tu lado.
Me acojo en lo íntimo, donde aquieto y recojo todo tu mirar que tremola neblino en el aire, lo hacino y lo condenso como velo comestible, como alma inoculable y muy alborozado lo aspiro para llenar mi cuerpo de lo que para mí es vida, mi Casiopea.
Armónico vibro como en un concierto, me estremezco constantemente de tenerte tan dentro de mí y de no poder parar de amar ni una fracción de segundo. Aunque este vibrar zumbe mi piel como membrana de tambor, aunque al llegar la noche caiga rendido de tanto amar, de darte todo lo que mereces y así, termine todos los días exhausto, es lo que deseo, porque yaciente regreso de nuevo a tu lado, mas ahora vuelo enajenado. Ahora voy por un espacio místico, sin saltar árboles aunque se asemejen, ni montes aun vea insondables precipicios y ni arroyos pese a que termine empapado, advirtiendo que son tus incontables besos de amor.
No hay ni una queja, Vida mía. Es más, mi corazón te es íntegro y así se lo implora a mi cabeza que se satura de tanta fiesta, que rebosa decoro por tan honesta belleza y que cada vez que te acercas, que me arrimo, de felicidad salta por los aires. Enamorado, mi Amor, enamorado del bamboleo de tus pasos, de las ondulaciones de tu pelo, de tus pequeños y finos dedos, de tu perenne y sincera sonrisa, de tu afanosa preocupación… de que esa voz dulce que vibra como cristal dentro de mí es real,… existe ese, Amor mío, de verdad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario