Andar descarrilado y sin necesidad de identificación por los pastizales aledaños a Malpartida. Pasear descaminado entre los bolos, renunciando a proseguir las sendas marcadas, tan sólo ir hacia ese horizonte que trazan mis ojos. Renunciando por un instante a la vida normal, a la rutina diaria.
Con el morral y la cámara. Con una navaja para las bellotas y para un par de pequeñas, brillantes y glaucas pomas. Con un bocadillo que reponga la fatiga física de caminar toda una mañana; bocados de buen gusto, de filetes guisados y de tiras de pimientos asados. Y siempre con este termo mío, con estos sorbos de este cárdeno vino que representan mi Vida, con la sangre que me donas, Amada mía.
Brinco y brindo en este ambiente que se desborda en mi pecho. Viéndote y escuchándote, disfrutando siempre de las selectas tonadas de amor que tú arrullas en mis adentros; es el perenne romance que vivo. Amor mío, estoy repleto del inverosímil sentimiento que me concedes.
No me importa sentarme en el granito frío de estos domos, pues no hallo lugar más cómodo. Persevero por una única razón que necesito, ser audaz de corazón y esperar y esperar a que me abrace la cándida luz de mi Sol. Qué más puedo desear en la vida, si me es imposible gozar de tan asaz Amor.
Aboco un sorbo de vino y asevero que al instante mi anímico corazón lo trasmuta en su Beso, en su Saliva, en su cálida forma de querer. Una Amapola apoyada mis labios, su alegría, su euforia, su belleza de Flor. La llevo en mi pecho, apresada en mi corazón, como Sensual Mujer en un ojal, en cierto modo es un Bellísimo Sueño que se mueve tanto en lo consciente como en lo inconsciente.
Si hendiera aquí mi pecho y se esparcieran tus íntimos lances, si tu abigarrada alma se dispersara entre la hierba, el campo se exaltaría más que primaveral y las eróticas flores dispersarían sus suaves aromas y los insectos, las abejas y las mariposas enajenadas, libarían sin dilación la miel de tu dulce forma de ser.
Es peligroso, verdad, que este amor que llevo por dentro se disemine a los cuatro vientos. Que estos agasajos que no son sino alegres formas de arte se desplieguen por todos los rincones, alterando así la elegante y natural evolución de las estaciones.
Mi Amapola, esta espléndida gala con la que ahítas mi pecho, permanecerá eternamente tras mis labios, pues la codicio más que mi propia vida y sólo deseo que tú, Amor mío, y mi niño os solacéis de este asaz amor, de esta tibia emoción primaveral….

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