domingo, 10 de febrero de 2013

Vísperas


    Es víspera de amor, mi Amor, y ya empiezo a tener sed incontenible de trascribir mi desesperación ante los profundos claros de tus Lunas, de rebuscar y acopiar enloquecido por las tiendas tus merecidos agasajos, de urdir minuciosamente una íntima y alegre velada, entre ondulantes velas y acompasados manojos de flores y, por supuesto, envueltos en las arias melodías de amor de Noa, tuyas y mías, tan nuestras: eye in the sky y es caprichoso el azar, flotar sobre mis pies, fundiendo los labios y ciñéndonos en tersa tela de abrazos. Ser un solo cielo añil, una única vaina que oculta dos sueños, granas esmeraldas que no desean germinar pues así laten sumamente felices….

     Esta densa realidad, que derrite hasta el mármol Ártico, es tan patente que cada instante 
impregna nuestra vida de vehemente pasión, ¿verdad mi Niña?. Ello nos produce cierto recelo, sí, así es, temor de que un día no podamos arrestarlo y erremos con algún gestos y sin querer derramemos la esencia que desborda la ampolla de nuestros pechos. Mas no temas, no acaecerá este hecho y siempre, silencioso y con mágica escalera, me auparé noche tras noche más que alto, para prender las estrellas y engalanar el paraíso donde duerme el alma de mi Niña; y, cuando tú retomes los quehaceres y a diario te retires, prudente y con comedido cuidado volveré a suturar tu pecho para que nadie vislumbre nada, ni el más mínimo atisbo de un sediento lirio. Sólo quiero que exteriorices los haces de la radiante y contagiosa alegría que siembro en tu interior.

     Mi sigilosa y vidriada Madraza, espejo pulimentado hasta la extenuación, aun amortajada en tu lar continúas exhibiéndote radiante y ociosa y eso que no te elogian ni siquiera te dan las gracias; resiste mi Amor y, si te apesadumbras con incívicas censuras, cierra los ojos que inmarcesible alzaré el vuelo veloz como milano, romperé el espejo y penetraré en tu alegre e infinito edén, para estar juntos y arrinconados en tus maravillosos y amplios adentros.

     Tú, mi Niña, que mantienes todas las puertas abiertas, que el viento libertino y ocioso barre todos los rincones de tu ser y no extrae ni un oscuro óbice ni un insignificante e invisible efluvio. Un libro abierto todo el tiempo, que se deshoja hasta adelgazar y caer enferma por los demás. Una fantasía hecha realidad que, como marea alta, se remansa afable por todas las orillas que la rodean. Parezco un histrión exagerando con estas escenas de amor pero, aun así, me quedo corto, mereces una caravana atestada de perfumados sentimientos, de dulces besos y de penetrantes deseos. 

     Yo te empalagaré de dulce amor con el exceso con que las flores dulcifican los campos en abril; miles de besos te daré por un solo ademán y por un beso, ¡oh mi Amor!, te entregaré la vida.

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