En las salas únicamente se respira, están
tan aturdidas de silencio que la alcoba en la que estás, Vida mía, percibo con
absoluta perspicuidad tu dulce y evanescente resuello. Un espacio inundado de pegajosa
quietud, pero impecable con las flámulas florales que se desbordan de unas
ánforas y por los tenues haces de luz que prenden mechas blancas en las paredes
y dibuja caprichosas sombras con las arrugas de la colcha en la cama.
Asiduo a los pies de tu lecho, velando
a mi resplandeciente Sol, al paradisíaco calor que paso a paso ahitó mi corazón.
Ahí, enaltecido por tu hermoso corazón, igualo la colcha y la entremeto, con
sumo celo, bajo tu fino cuerpo; desvedijo en silencio la afortunada almohada
que acoge tu tersa cara y, pidiendo perdón, abuso con suaves roces de tu
mejilla, al retirar los mechones que te desadormecen.
Un pañuelo de seda, que se embebe el agua
fría de concha nacarada, para lavar el carnoso marco que da acceso a tu hermoso
cuerpo, para barrer el salitre que deja la marea cuando se seca sobre la
perfilada orilla de mi Vida: tus labios. Sólo los aromatizaré con el frescor
del sándalo y la suavidad del hinojo, para lograr una marea alta, una vasta
alma de ensueño, pues no debo mezclar agua vana que enturbie tu entraña
babilónica o empañe mate tu edénico espíritu.
Un simple lamento es, dentro de mí, asombroso
seísmo que convulsiona toda mi atención y si acaso por el sueño hay firmamento
oscuro, un gemido es nova interna que me desvela diligente y me abre fúlgido como
cielo. Así nada contigo está vació, todo se plaga de sentido y mi corazón
alienado sólo abarloa en la ensenada de tu pecho. Una nimia queja me despiertas
y talla todo mi mármol, frío y endurecido por el sueño me desvelo por ti brioso
y divertido; sí, si tú llamas, me revierto en bondad.
Asir tu mano, para que no te sientas
vacía y sola, durante todas las horas del oscuro crepúsculo. Horas que no se
han perdido sino; sentado al lado de la cama, apoyando mi frente sobre mis
brazos cruzados y aferrándome lozano y tierno como fresca hierba a tu mano
izquierda; se han fundido como cera cálida de vela y entrelazado como párrafos
manuscritos dando lugar a íntimos paisajes, a poéticas frases, … a claro de
Luna que se baña en la laguna, a borrar toda distracción y fijar toda mi
atención en sofocar el acezo de la anestesia.
En la noche y más que en sombra, no sé
si sueño o permanezco insomne, deleitándome con el contorno de tu faz, con el
perfil de tus labios y de tu fina nariz, con la curva de tus cejas y la penumbra
de tus parpados cerrados, … velahí tan dormida y créeme que aquí estoy como
lámpara que nunca se apaga, ardiendo por Vos, por puro Amor.

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