lunes, 4 de febrero de 2013

Mi amor



     Cómo estás mi Vida, ¿te molesta?, seguro que sí, aún es muy pronto. ¿Has dormido bien?, ¿ha pasado la noche de un tirón? a veces, por no estar agotada sino molida de no hacer nada, las noches terminan siendo más que eternas, desesperantes y aburridas al no terminar de amanecer. Qué tal te manejas con la mano izquierda, ¿te desmenuzan la comida en pequeñas raciones? y el vaso ¿lo llenan de agua? y si desayunas tostadas, ¿te untan las rebanadas con mermelada? yo lo haría con mucho gusto, untando con mimo cada esquina del pan, con una capa fina y uniforme, como te gusta, y cada una con su sabor peculiar: arándano, grosella, fresa, ciruela, tómate…; has probado está última, sé que así sí disfrutarías del tomate, acaramelado está tan exquisito, un día lo haré con mucho amor para ti. Seguro, Princesa, que no te atusan la almohada y si lo hacen, no la mullen como yo; tras ponerte con desmedida prudencia la bata, pasando primero tu delicada mano y después la izquierda, tras calzarte cálidas manoletinas y arrimarte la silla, abriría las ventanas, echaría hacia atrás las sábanas y con cientos de pellizcos te algodonaría la almohada. ¿Te cepillan el pelo?, a que te place después de tantas horas echada en la cama, te imaginas los dos a solas en el dormitorio, tu, Amor mío, sentada sobre la cama o en una silla y yo alisándote el pelo con extrema ternura, ahuecándotelo tan despacio que casi quedas dormida y después guardándome cada sedoso pelo desprendido como si se tratase de eslabón de oro perdido. 


     Ayer, al ir a Trujillo, pasé por la clínica y rodeé toda la manzana mirando cada ventana… Después, conteniendo el frondoso sauce que siempre mantienes dentro de mis ojos, fuimos hacia el concierto, les ayudé a colocar los instrumentos musicales, paseé por la plaza hasta que cayó el Sol y, cuando el frío me obligó, me resguardé en la función. Disfruté con una risa idéntica a la de los niños, viendo las ilusiones a un auténtico mago y haciendo un montón de fotografías. 



     Hoy el día ha sido bastante bueno, magnífico si hubieses estado con nosotros. Teníamos pensado ir a los Barrueco al mediodía, mas antes de salir sonó el teléfono y se apuntaron Carmelina, Francisco, Luisito y Kiko y así el día alcanzó el matiz de bastante bueno; sólo tú mi Niña, sólo tú faltabas. 

     Hemos celebrado el cumpleaños en el dolmen de hijadillas, la misma ruta que hicimos juntos. Hazte una idea de las incontenibles pasiones que he experimentado y de cuanto te he echado de menos: al pasar junto a la frondosa hierba donde nos sentamos y, tras hacernos unas fotografías, nos besamos sinceramente…; al comer en la misma roca donde degustamos esponjosa y sabrosa tortilla de patatas y diminutos muslitos de codorniz en salsa de tomate, donde desafortunado en el juego de la escoba me di cuenta que era el hombre más dichoso por tu amor…; al ver a los niños tan plenos corriendo y escondiéndose tras las encinas, igual que nosotros, también aniñados, jugábamos al escondite y tú, mi Niña, más que revoltosa, como yema joven y verde, te echaste boca abajo sobre yerba, tan ligera que apenas la ladeabas. 

     Así que hoy broté tierno a punto de germinar, a punto de romper la cutícula. Pero una azarosa angustia lo impedía, la Colmena que surte de miel mi vida está en el hospital, la afanosa jardinera que se entrega en cuerpo y alma a decorar el lar de nuestro corazón no venía con nosotros. Escuché con extremosa atención cada comentario que Carmelina hacía de ti y por supuesto pensé, cada vez que distraídos y hablando con Francisco nos alejábamos sin querer de Carmen, que tú, mi gran Amor, faltabas para ir en parejas. Ya, al caer la tarde, nos retiramos a casa y por supuesto los niños, aún sin nutrir suficientemente, con más apetito de juego, se quedaron aquí en casa hasta las ocho. Que trinomio de ternura, vegetales firmes y frágiles, sin espina alguna, de pura clorofila que hacen fresca cada hora del día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario