lunes, 4 de febrero de 2013

Es curioso

     Es curioso, cuando regresaba del Cuatro Caminos con David, Pedro y Juan, los mirlos estaban erguidos y batían eufóricos las alas, como si el entorno inmediato les hubiese sonreído o la calle Delicias contagiara simpatía y puliera desaforadamente el espíritu de esos gráciles pajarillos. Incluso la mágica claridad que inundaba la calle se reflejaba en las semillas del acebo con una intensidad inusual y fulgían con un color Corinto, casi violáceo, atípico. Así, surgía de las semillas que cubrían los setos y de los azabaches de las avecillas una frazada cálida de fosforescencia que estimulaba mis sentidos con una emoción peculiar y, aunque parezca extraño, muy propia. Todo ello me evocaba en el paladar un dulzor inenarrable, en la piel me vivificaba un estremecimiento inconcebible y en el aire flotaba un perfume… ¡Ooooooh! no puede ser tan misteriosa su querencia, no estaba allí mi Dama y sin embargo todo había mutado edénicamente. Quizás ahí, en esta calle, se apoye el marco del arcoíris que vimos en nuestro primer paseo bajo la lluvia, pues me sobrecogió un extraordinario placer indicando que aquí debe estar mi Tesoro, mi Amapola, mi Vida…

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