miércoles, 14 de junio de 2017

No siempre estoy en el mismo lugar.




No siempre estoy en el mismo lugar, pensando delante del ordenador. A veces me paso el día en la cocina, como si hubiese un cubierto más sobre la encimera. Aquí, mi mirada se adhiere al espejo de la cerámica, al vidrio de los vasos, al filo de los cuchillos e incluso a los flecos del disco de fuego que copan la hornilla.

Mis dedos, similares en ahínco, se enraman con la madera de la cuchara, tan íntimamente se entrelazan que lograrían emparejar de forma divina el paladar de tu boca con los condimentos naturales del bosque; así, un océano apenas salobre aniegaría el cielo de tu mágica boca.

La creatividad, convierte la voluntad en iriscencia, y de esta forma combino el corazón rojo del higo con la rosada piel de salmón o, más bien, asemejo una lujuriosa reunión; mas, en esta ocasión es sólo tentación de conquistar la mesa con acuarelas sobre blancas porcelanas, el rojo de la pasión y la tentación rosa de tu sedosa piel.

O bien persigo una mezcolanza de caramelo de azúcar con trazas de menta que burbujeé en zumo de limón, una aleación fuerte y fresca para untar los labios con besos que aviven la exaltación del querer.

Siempre habrá un perol con carrilleras de ibérico de Montanera, donde hiervan las yerbas de los prados de Salvaleón, de Feria, de Frejenal de la Sierra y de Burguillos del Cerro. Un caldo cuidado con mimo, con incesante espumadera que retire cenizosa vejez y deje cristalina la salsa que inunde el iris de una Linda Mujer.

El romero perfilará los trazos que rodean sus pupilas, la hierbabuena albeará su aureola cándida, sin máculas, y el toque del dulce tomillo inundará de miel su forma de ser. Así, en el fogón, borboteo de menta fresca para tallar el interior de su cristalina garganta; hervor de carrillera tierna, de carne que se deshace en el hogar de su boca y atilda amor dentro de su corazón; y todo mojado con un tinto de Pago de las Encomiendas, un Xentia rubí que ajume la oscuridad de la razón y deje correr la hilaridad a puertas abiertas.

También podría continuar en la concina con otros argumentos, con el barrunto de un perro que ladra lejos o, en el mismísimo margen de la cocina, en el alfeizar de la ventana, con el piar de un atrevido gorriatillo, o también con el efímero trinar de la veloz golondrina o de forma más imperceptible pero muy, muy… apreciable, con el leve latido del corazón que pretende en todo instante la belleza, el vuelo de la sangre, la herida de la poesía, la lágrima sensible de amor…

Quizás no sea nada original con esta escritura, pues después de bregar toda la mañana y parte de la tarde, tras atarearse con los quehaceres de la casa en la noche estival y en un día de diario, sólo se busca el agua fresquita para restaurar el cristalino manantial de la boca.

Hiendo el cuchillo en mi terca sandía, retiro las pepitas negras que ensucian mi poesía, aparto la cáscara que camufla la realidad natural, limpio todas, todas… las zonas inmaduras de la pulpa y ya, con sólo lo mejor y sin nada de odio, te escribo con lírica el centro de esta terca sandia, lo más dulce. Es mi vida hombre que fluye en frío inerte, es vida dedicada a conservar corazón delicado, … es el querer el que me desvela, que canta como si nada, que acopia papeles y se entrega, sin mirar hacia atrás, a la senda del amor.

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