Ya se levanta la liviana Luna
del vientre de madre tierra,
despereza tras ígnea bruma
y hermosa se cubre de velos
níveos y se acicala con halo
irisente. Así, desde su cielo,
ampara en dulces sueños
a las almas que destierran
su yacente cuerpo. Un viaje
astral que roza los luceros
del cosmos y logra pasajes
utópicos al revivir el amor
olvidado, la mirada perdida,
la carantoña estremecedora
y el beso…, el beso sincero.
Avasallando los esfuerzos
camino bajo el universo.
No…, aun esté macilento
de dar cientos de versos,
de devaneos de locura,
de hazañas bajo los paisajes
de Whitman y de sentimientos
de pecho para las criaturas.
Incorporo mi existente
espíritu y busco cientos
de sílabas en la cultura
selenita, de la llena Luna.
Se celan luceros insondables
y se desennegrece el tártaro,
mas se ensombrece mi noche.
Pálido albear, la interminable
bóveda que te desenmascaro
en esta tiniebla no es derroche
de letras sino oculta conducta
que brota al aullar a la Luna.
Un ávido deseo de andar.
En la opalescente dehesa
se dibujan, se reproduce
la llama fatua de antaño,
alusión que urdió un daño.
Pero ahora, ansío flotar
como una ligera pavesa,
volar para lograr grabar
una mácula sentimental,
gemas de gotas de cristal
de una risa que transluce
en generosa hilaridad….


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