El inmenso llano de verdemar,
de maretas de avena y cebada
y la enfebrecida sesión de piar
en gran butaca de alcornocal
o en sublime palco de encinar.
Ausente, sin apartar la mirada,
camino sin rumbo para limpiar
el tímido rumor de la amiga
sensatez, parto dorada espiga
de paja al deslizar mis manos,
desgrano sus bellísimas divisas,
oro que traza eterna realidad.
Agua verdinegra me impregna
y, en su pulida binza, singular
y azulado chispear de poemas.
Las rimas son un trinar silente
que revolotea el éter, detonar
de cuna de herrerillo y gorrión,
de sisón, ruiseñor y alcaudón
y de los grillos y del inocente
pinar que, al asentir petición
cariñosa del inasible viento,
disemina polen de fecunda
pasión sobre la lozana maleza
que cubre sigilosa naturaleza.
Froto la herrumbre del alma
de deidades extrañas y vanas,
y coloreo esta nueva fantasía
de vidriera; tinte primaveral.
Me sublevo tal cual, un cristal
transparente, reluciente calma
de aguas, de pájaros en ramas
y de oloroso heno para cama.
Ahora, el cálido rayo de Sol,
madura los óvulos de la flor
y conquista el polvo del suelo
con lozano frescor de pañuelo
de seda y con el jovial vuelo
de las amigables golondrinas.
No hay esperanza a la efímera
vida, sólo perdura la verdadera
tinta de escritura, la caligrafía
limpia, sin confines ni puertos,
va más allá de tantos muertos.
Un paraíso puro, de fantasía,
que esfuma toda la ceguera
que ocasiona el ruido artificial.
Necesito conquistar los huecos
retorcidos del castaño, secar
su resinosa sangre y alcanzar
el esplendor áurico del ámbar.
Demando esa espinosa prosa
que se enmaraña al espíritu
como ramal de la zarzamora;
acorralado entre las rozaduras
se infecta de dolor mi entraña.
Mas mi corazón, con hazañas
de hermosos versos, se dilata
por todo mi cuerpo; aventura
real o el ensueño, un diorama
caprichoso que tilda de plata
mi mejilla. Anélido depredador
que saca hasta la ínfima grana
de mi ser, mi inmortal amor…
No hay comentarios:
Publicar un comentario