Un instante en la mañana para cambiar algo, un hueco para retirar el óxido e intentar brilla.
Sé que todo tiene un final y que en un santiamén la alegría se anula, la bonanza se agota e incluso, la mismísima vida, se desvanece.
Mas, si en mi paso pretendo perdurar en el vasto corazón de alguien y, si acaso, en la mente de la gente, he de decir cosas dignas de oír, he de caligrafiar espacios de ensueño y perfilar entes hermosos. Por supuesto, en este tránsito no hay cabida para la simulación sino la mera presencia debe de ser digna de escribirse…
Así, el inasible aire que el lobo respira no es la esencia de su vida es, más bien, el sentimiento al contemplar fulgor de la Luna Llana. La sensación que reproduce con cada latido de su corazón al correr al margen del precipicio para lograr lo imposible para su camada…
La semana…, fue bien. Si mido el tiempo que emplee en cada día, de lunes a viernes, el primer día fue más que completo y aun así saque algo de mí.
El martes se enturbió por el cansancio y no sucedió nada especial, me alejé en mi precipicio y continué escribiendo. Quería acercarme al final de la poesía y entretejer la última rima, pero los achaques del día anterior enturbiaban mi serena imaginación.
Así que me retiré a dormir,
a alejarme en mí y olvidar
el paso de un día que al final
no tuvo nada de especial.
Al menos, ese preciado lugar
de sueños, en ese sitio cristal,
el cual no alcanzo a describir,
idealicé mi ansia de vivir….
En medio de la semana mi fantasía afloraba. Desenturbiado los sentidos encauce las estrofas hasta altas horas de la noche. Es mi tiempo, la esencia aprendida, donde coseché lo delicado e hice gavilla lírica.
Es la más noble manera de batallar contra la pesada marea de trabajar. Me crezco en un concepto particular, en un tiempo propio, y ando, como en un espejismo, por un universo paralelo donde detengo el tiempo. Es agradable sentir el fragante beso de las flores, el trinar amoroso de los pajarillos y el susurro inasible del viento que cautiva los labios de las hojas aciculares…
El jueves, tan inmiscuido en escribir, hice un informe que chocó con los ojos del jefe… ¡¡¡jeje!!!. Mas esto no tiene lugar, pues sino continúo en mí me oxido y dejo de brillar. Es más lindo escribir juego de lenguas que semejan boca que se besa. Ocurre en apenas un minuto, pero eso sí… un minuto que funde entre sentidos, un santiamén de tacto, de olor y de gusto que dilata el corazón hasta hacerlo gigante…
El viernes, fui por norte de Extremadura, por la maravillosa comarca de la Vera. Mientras conducía lentamente me alejé lo suficiente, más allá de la carretera, entré en la dorada dehesa y, bajo las sombras de las encinas, expandí mi cosmos, lo detuve el tiempo suficiente y lo escribí.
Llegué temprano a casa y, como niño que juega, amplié la belleza recolectada. Continué mi inocente caligrafía, perfilé palabras que no sé a dónde me llevan, frases que no cambian nada, que caerán en el olvido, se desvanecerán con el tiempo….

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