domingo, 18 de junio de 2017

Avispa de la risa




Ya se ha echado el Sol y apenas restan unas horas para decir buenas noches. Así que he de escribir rápido, he de escurrir la seca linfa que ha aguantado en mi cabeza tras la bochornosa tarde para gratificarte con etéreas frases. Sí, expresiones incorpóreas pero abiertas, con cierta vida y capaces de arrancar sonrisas con necias bromas e incluso volatizar el exquisito licor de las lágrimas con atildados chistes.


Mas esto surge como los relámpagos, una risotada que detona de entre dientes, que en un principio trompetea entre los labios, “duchando al más próximo” y se remata con abrir la boca de par en par y sin ser capaz de parar. A raíz de aquí, y si la risotada no se frena, es cuando mana el exquisito licor de las lágrimas…


Por qué te cuento esto, es por lo que me ha sucedido esta tarde; Mi hijo y el presente necio que escribe, estamos tendiendo la ropa y sin saber cómo ni ser capaz de repetir los malabares, he terminado con una avispa espachurrada detrás del bañador, en un costado. Te describo el malabar por encima, mi terraza tiene una gran jardinera a un lado de la baranda, todos los veranos se llena de avispas; las atrae la humedad. Pues bien, esta calurosa tarde, cuando más rabiosas están, espanto a una latosa avispa. Ésta se ha resarcido a picotazos pero, muy a mi pesar, me he vengado… he salido corriendo, he desparramado las camisas, los calcetines y los calzoncillos por suelo y por la calle y he terminado rodando tras tropezar con una silla… Mi hijo harto de reír y yo a carcajadas sueltas sin poderme levantar…


Todavía no me duele el picotazo pero sí siento culazo, es como una inyección; COMO DUELE… A la pobre avispa la he serigrafiado sobre el bañador. Gracias a las carcajadas y las lágrimas han resuelto sobradamente el tema del dolor….

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