He salido a desperezar los músculos con unas carreras y al pasar delante del arreate de jazmín, la fotografía que has visto, he soñado con undosa alevilla, con una mariposa cristalina que flotaba con una única aspiración, infiltrarme tras las rendijas de tus ventanas, de tus cortinas y deslizarme entre tus sábanas para depositar el dulce y fresco aroma, el polen que me entregó la flor del jazmín a primera hora de la mañana. En ese instante me vi radiante y liviano y, dotado de un vigor que jamás he sentido, floté como audaz viento que recolecta átomos perfumados al rozar las yemas de ogostadas espigas.
El calor estival dora la madre tierra, la corona de oro, una fiesta nupcial para el vientre de toda vida…; como puedo exteriorizar semejante cariño. Desde las horas del alba he de dedicarte el añil del cielo, ofrecerte el canto del ruiseñor sobre la verde encina, he de brindarte la aurora que, aunque se descuelle poderosa cada mañana, se advierte plisada pues es segunda en belleza. Mi amor, me turba el no hallar la flor diamantina, la piedra rubí, el cristal esmeralda del manso manantial con lo que pueda reproducir tu hermosura en la escritura.
Patricia, admiro tu esplendor como lucero que ha dividido mi corazón y, algo vergonzoso, pero con la honestidad de asegurar que sé amar, afirmo que un nuevo Sol ordena mi humilde vida.
Qué suerte la mía que presiento domesticada mi sangre. La advierto sometida al Amor, como fluye desde el corazón a mis yemas, como se armoniza, mi Vida,
SÓLO CONTIGO…
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