Bebo la saliva de tus labios, la miel de tus hontanares. Locura que me lleva a libar con exasperación el sedoso estigma de mi flor. Pletórico, exprimo todo mi verso de amor y derrito hasta la última lágrima de tinta. Es manuscrito pulso en una botella que naufraga en piélagos de ensueño. Delicada palpitación de estambre que fecunda el inmarchitable pistilo de mi Amapola.
jueves, 22 de junio de 2017
El Sol comienza a fundir las aceras
El Sol comienza a fundir las aceras, hasta el añil del cielo se emblanquece y menos mal que hoy no hace el calor de días atrás.
En la sombra del portal de casa se resguardan los pajarillos, Lunares, nuestro perro, siempre que sale mira debajo del coche para correr detrás de algún gorriatillo.
Y aquí, en nuestra particular ventana, sigo lento y seguiré sin pausa, para ofrecerte un gesto risueño, un sosiego capaz de refrescar tu piel y de reproducir los latidos de mi loco corazón.
Descarnada y emblanquecida mi mente, cuido las palabras como si fuesen gaviotas que revolotean alrededor de la mar de tu boca. Sí, Amor mío, con una ternura marina, de playa cristalina y agua turquesa, y con ecos que recuerdan a los océanos que oculto en la caracola de mi pecho, decoro un beso fresco y lozano que arrimo, cerrando los ojos, a la ternura de tu mejilla.
Apoyo mis labios y siento la fina piel de tu mejilla, la savia de mi boca humedece tu carita y, durante unos minutos o unas horas, que parecen escasos segundo, me estremezco como un tímido niño no quiere hacer daño, que no busca nada, que lo que anhela ya se lo has concedido, mi Niña, la esperanza de poder Amar tu Vida.
El pulso se ceba con mis manos que se entrecierran a tus finos brazos. Siento en tus venas ríos de amor, en tu piel arena fina que seduce mi vida y en el aroma de tu cabello los sueños de tantas noches…,
Gracias, mi Amor, gracias por dejar que me enamore de ti.
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