Ya tengo todo listo. Unas gorras de ala ancha, las botas bien atadas y la mochila minuciosamente dotada. Además, todo mi estrés se lo endilgué al armario, lo prendí en lo más recóndito, sí, ahí, en el listón que más cubierto queda. Ahora, tan sólo, desclavar mi alado afán para, con el febril sudor que provoca mi eterna y delirante querencia, tildar de lustre tu arcillosa piel.
Caminaré atrampado en el primor de la Flor que siempre llevo consigo, ajumándome con el suave aroma que expele su Brote, embaucado con ese vivo color que despunta entre los boscajes de los matorrales y, como hacendosa y humilde abeja que vuela de pimpollo en pimpollo, recogeré esencias tras mis ojos, o con el objetivo de la cámara, inhalaré bocanadas perfumadas y porfiaré en acariciar o libar de cada pétalo la sedosa capa que goza cada flor. Con un único propósito, asimilar la integridad del campo para colmar mi Colmenera con ría de luz desconocida, para enriquecer su arcillosa textura con ebúrnea de hilaridad humilde lirio.
Cómo lograr un bebedizo de enamoramiento, un filtro de amor que hechice lo único que anhelo. Donde sorber pócima que intoxique su corazón con el inmanente e irrefrenable deseo de poseer a un lirio. Como puedo transmutar la vislumbrez florar en letra áurica, o trocar el trinar de los pajarillos en aria sinfonía escrita, o en ese sedoso predio, en el lar de tu pecho, metamorfosear las diminutas larvas para que imperecederas estrofas revoloteen como mariposas….
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