Sus olas pasan a ambos lados sin arruinar barquillo de papel, lo mecen con un tacto sumamente agradable. Además, en la proa, aún se advierte el envite de sus cálidas ondas, de esos húmedos bucles de la Mar, de los labios que me empaparon con su Vida y limaron el hálito de mi íntimo silo. Lentamente mordisquea las tablas de papel, las embebe y las hincha de decencia, emborronando la brea que transcribe barquero de agua dulce.
Bogar sin tregua por apacible ensenada, dulcificar sus aguas, sin fondear ni de noche ni de día, sin orillar ni instante, a la deriva sobre lámina ora constelada ora cegadora, sobre un espejo fiel.
Un esquilón en la cubierta suena y del sueño me desvela. Sin demora y con la cara desteñida trepo hasta el palo mayor, para tender velas repletas de sentimientos. Un marino que pasa sus horas usurpando su insondable bodega para cebar la Mar con nacaradas láminas. Un pescador sediento que no se detiene junto al hambre, que embota anzuelos y rompe redes para que el ocre no enturbie cristalino Amor, para que no haya dolor; aun nadie lo logre comprender…

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