Esta noche he salido a ver la procesión del encuentro, con la mala fortuna de que ha empezado a llover y al final la han suspendido, a pesar de ello y del fuerte viento, que arrancaba y arrastraba telas de algodón de azúcar, las calles estaban llenas y rebosaban devoción y alegría. La larga espera y el frío replegaba a la gente a los portales. Nosotros nos resguardamos en la iglesia de San Francisco, con la talla del Nazareno, allí estaban mi hermano y mis sobrinos.
La gente se ha conformado con acompañar al Nazareno desde San Francisco hasta su ermita. Con mucha alegría y sin saetas ha ido al ritmo impuesto por los tambores de la banda municipal. Las llamas de las velas se arremolinaban y se apagaban rápidamente mas la algazara crecía a pesar de que el párroco se esforzaba redimir este “pecado” de alegría.
Nosotros nos retiramos pronto. Ya en casa me he “santiguado”, no te puedes hacer una idea de cómo está. José ha cenado un vaso de cola cao con galletas y pan y yo una cerveza… sé que es poco pero sólo tú satisfaces mi necesidad de comer.
Ahora estoy viendo Quo Vadis por enésima vez, es desquiciante esta película, el desequilibrio que atribuyen a Nerón en la película es excesivo, quizás fuese así.
Mi amor dónde yacen hoy tus ojos, dónde se abren que no puedo verlos. Dónde están esas palabras que como algas ondulantes cubren mi mente, valiosas frases que se abren como universo dentro de mi ser. Vías férreas y paralelas que traen y llevan nuestro amor, tienen la gracia de hacer corales esmeraldas que emergen y braman como hojas de olivo que cepillan por el viento.
Desbrozaré mi alma por las yemas de mis dedos. Me debo a tu belleza y a tu ternura capaz de mover montañas, necesito ahitar tu vacío con mi contante rumor. Sólo tú me conocerás en profundidad, sólo tú llevarás mis riendas, tú eres la dueña que lleva las llaves de este hombre.
Mujer como túnica de raso me cubres desde los hombros hasta los pies, resbala invisible por mi cuerpo desnudo y me vistes siempre, siempre, siempre. Que misterioso es el amor que destapa toda mi sinceridad y si te veo afligida vierto con fuerza todo mi cariño en la vasta extensión de mi Princesa. Abre los ojos para que entre en la fortaleza que te recluye, quiero cuajar dulce dolor de espada fría que cruza tu corazón.






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