viernes, 4 de abril de 2014

Llegué a casa


     Llegué a casa, Vida mía, tan cansado que aún me tambaleo. Incluso así, como si estuviese mamao, tecleo ese amor que me gobierna mas, tanto es lo que dentro aposentas, que se escapa otro tanto del cariño que me regenta. Sí, sin más agarro esos sentimientos tuyos y los deposito finamente, como si fuesen delgada gasa de Luna creciente que se tiende cóncava como una mano sumisa sobre la línea del horizonte.

     Tropiezo con coágulos, con un sinfín de cuajarones de aguardiente dulce que me vidria los ojos y me humedece los labios, son tantos que tartamudeo sobre el teclado esa tala de amor que desmigaja y esculpe poco a poco mi corazón.

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