De nuevo he vencido a la noche e insomne, como una flor recién nacida, he volado junto al viento para acariciar la piedra que emociona mi pecho. Después he regresado a este espacio en blanco para doblegar mis manos, tras bautizarnos el cielo y ahora que ella fraterniza con sus niños, en una íntima carta más.
Sí, y ahora, que ya no retoña mi alma, reproduzco el irisente reflejo de un espíritu enamorado. Aun haya cansancio gris que me seque y me deshoje, cuando aquí me siento, frente a este erial en blanco, o cuando vuelo a tu lado o, simplemente, cuando sueño, bien sea de noche o de día, mi piel aflora de inmediato esos latidos en forma de yemas, y me desangro reproduciendo en miles de forma cuanto, Vida mía, te añoro.
Me ahogo al sentir a mi alrededor todo virgen, como si fuese excepcionalmente alérgico al dulce polen que disemina singular flor, y es que, incluso en esas gotas de agua que caen por gravedad, se nimba el perfecto viso de tu sonrisa. En todo lugar, en cada invisible onda de aire y de agua, se desnuda la mirada de mi hermosa Flor quebrando el desmayo sobre el papel que ahora te escribo….

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