sábado, 29 de junio de 2013

Una piedrecita


     Hay una Piedrecita en el mundo, un pedacito de Estrella que persiste. Mi preciosa Gema que se dora junto al Sol y se desvanece como brisa oriunda en la noche, como luz tenue de la Luna. Sé que es inverosímil un ser así, mas digo la verdad, toda de azúcar es y quizás una pizca de licor lleve pues, sencillamente, un piquito de su espalda, o de su hombro, o de sus manos o sus pies me eleva liviano, decapitando mis luceros como si estuviese achispado.

     Mi Alhaja de mármol rosa, mi fruta fluvial de aristas suaves que, arrastrada por las aguas, sofoca todo lo ardiente, menos a mí que con absoluta sencillez me funde, y platea todo lo árido, menos a mí que con solo una caricia me abre los ojos como fuente y me amanece de la oscuridad.

     Mi Amor, gracias a ti, al amanecer, me abro más que feliz al mundo. Sencillamente, lleno de claridad, me descubro a la luz sobre los árboles, por encima de los tejados, por todo el agreste campo y despoblado mar. Camino, Amor mío, millones de pasos por bahías inmensas de ínsulas donde rompe una única Mar blanca y caen asombrosos ríos verticales de sendos ojos, donde galopan caballos de crin fino, corto y castaño. Dejo huella por esa tierra rodeado de Piedras de amor...

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