Estoy que me duermo de pie, aun así tengo que acoger tu buenas noches y por supuesto, aunque sea arrastrándome por el suelo, llegar despierto a tu lado para vaciar sobre tus labios todos mis sentimientos.
Me encanta saber que has hecho a lo largo del día, leer esos bonitos instantes que han estimulado tu alegría. Pero, mi Vida, además me gustaría saber muchos más detalles, como el cazado que llevas puesto, si son sandalias, si tienen tacón y de qué color son y así, como luz de luciérnaga, se prenderá el recuerdo de tus pies descalzos, de aquel día sentados en las escaleras del palco. O como la blusa que vistes, si es aquel fino tul negro que llevabas hace dos años; ¡ay Dios! y verte tan guapísima. Es tu amor, mi Niña, que no me deja descansar, que hace desear el roce de tu sedosa piel; ¿sabes? de ansiar, Piedra mía, el cálido abrazo de tu cuerpo desnudo.

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